CIMBRA· Revista del Colegio de Ingenieros Técnicos de Obras Públicas e Ingenieros Civiles · enero-junio de 2017 - page 34

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/ enero-junio 2017
Artículos técnicos
/ Conservación del patrimonio
Cimbra
En primer lugar, el reconocimiento
de la dimensión temporal como prin-
cipio consustancial al ser humano, y
por ende, al concepto de patrimonio, el
tiempo de hecho ha concluido. En se-
gundo lugar, se inicia un nuevo tiempo,
el de derecho, que comportará la acep-
ción jurídica capaz de incorporar sobre
el hecho patrimonial un conjunto de
derechos y, en el mismo acto, de obli-
gaciones. Hasta este momento, tan-
to las obras de arte, como los propios
edificios, no eran un ente de derecho y
por tanto, no estaban ni disciplinados
ni protegidos por el mismo.
Declaración de los
derechos humanos
Con el inicio de los movimientos so-
ciales dieciochescos y la actitud ilustra-
da, se constata el paralelismo existente
entre las situaciones de tutela patrimo-
nial y el reconocimiento de determina-
dos derechos sobre el hombre. Una de
las expresiones de este culto al hombre
es la Declaración de los Derechos Hu-
manos. Sin embargo, esta situación no
es novedosa pues el reconocimiento
de los derechos humanos ya se venía
fraguando en la propia civilización oc-
cidental cristiana. Así se constata en los
decretos de los Concilios hispánicos de
Toledo, los fueros castellanos, leoneses y
aragoneses de los siglos XI y XII, la Carta
Magna Leonesa (1188), la Carta Magna
inglesa (1215), el Habeas Corpus (1679)
y el Bill of Rights (1689) ingleses, el Acta
de Independencia de los Estados Uni-
dos de América del Norte (1776) y su
propia Constitución (1787), etc.
La Revolución francesa de 1789,
compendia y protagoniza toda esta tra-
dición occidental, sobre todo las dos úl-
timas normas, proclamando la Declara-
ción de los Derechos Humanos. En 1794,
segundo año de la República francesa, la
ConvenciónNacional promulga una dis-
posición que inaugura la jurisprudencia
sobre la protección y conservación de los
monumentos al decretar que “Los ciu-
dadanos no sonmás que los depositarios
de un bien del que la comunidad tiene
derecho a pedirles cuentas. Los bárbaros,
los esclavos detestan la ciencia y destru-
yen las obras de arte, los hombres libres
las aman y las conservan”.
A partir de este momento se sancio-
na, tanto la necesidad de intervención
sobre el patrimonio, como la respon-
sabilidad de su salvaguarda. El recono-
cimiento de su universalidad desbor-
dará la responsabilidad de los estados
y alcanzará a la comunidad internacio-
nal, empezándose a desarrollar toda
una reglamentación con el objeto de
la protección del patrimonio histórico-
artístico durante un conflicto armado.
Las Conferencias de Bruselas de 1884,
La Haya de 1907 yWashington en 1922,
inician la necesidad de respeto de de-
terminados edificios (artísticos, científi-
cos y caritativos) en tiempos de guerra.
Desde mediados del siglo pasado, tras
la segunda guerra mundial y la reorga-
nización internacional, destaca la abru-
madora labor de la UNESCO en la pro-
tección, declaración y legislación sobre el
patrimonio. Entre otras normas jurídicas
internacionales las más destacadas son:
el Convenio de La Haya de 1954 para la
Protección de Bienes Culturales en caso
de Conflicto Armado y la Convención
sobre la Protección del Patrimonio mun-
dial Cultural y Natural de 1972.
Estas breves nociones esbozan los
límites del concepto de patrimonio y
el escenario jurídico internacional en
período de guerra. Sin embargo, debe-
mos reconocer la insuficiencia de estos
recursos y asumir que nuestro relato
como humanidad se está destruyendo,
en lo que no es más que un nuevo tipo
de crímen de guerra, a pesar de la mag-
nífica noticia que supuso, en septiembre
de 2016, la sentencia del Tribunal Penal
Internacional (TPI) de La Haya. Por pri-
mera vez se enjuició la destrucción de
Bienes Patrimonio de la Humanidad,
calificándolo como crímenes de guerra y
condenando a nueve años de reclusión
al responsable de la destrucción de mo-
numentos enTombuctú (Mali).
La amputación
de los vestigios
físicos dePalmira
no tiene por
destino aniquilar
su realidad,
sino borrar su
memoria.
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