CIMBRA· Revista del Colegio de Ingenieros Técnicos de Obras Públicas e Ingenieros Civiles · agosto-diciembre de 2016 - page 26

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/ agosto-diciembre 2016
Actualidad / microrrelato literario
Cimbra
V
eo salir a mis colaboradores.
Yo me anticipé. Sin poder
evitarlo, mi mente reme-
mora los últimos momentos
vividos.
Por fin se ha acabado. Ya era ho-
ra. Cada día me aburren más este
tipo de reuniones. Me despido de
los presentes y abandono la casa de
Don Gervasio, donde llevamos toda
la santa mañana reunidos, no sin an-
tes agradecer al notario su predispo-
sición a dedicarnos su valioso tiem-
po en este día festivo tan espléndido.
Ya en la calle, me detengo unos ins-
tantes. Estoy en la calle Ancha, muy
cerca de la plaza del Cabildo, cono-
cedor como soy de la existencia de
muy buenos bares, aparte del Ayun-
tamiento. Mis colaboradores, más
diplomáticos y educados que yo, no
tardan en reunirse conmigo. Me ro-
dean y me dicen que Don Gervasio
nos acaba de invitar a comer. Les di-
go que a las cinco tengo que estar de
regreso en nuestra sede, en Madrid.
Conociéndolos como los conozco,
estoy seguro de que hubieran prefe-
rido aceptar la invitación del carca-
mal. Mi secretaria me comunica que
nos ha reservado mesa en el restau-
rante El castillo. Recuerdo que ayer
me preguntó a qué hora estimaba
yo acabar la reunión, para efectuar la
reserva del almuerzo. Me contó que
ella era de Sanlúcar y que me gus-
taría el lugar porque el restaurante
está ubicado en el Castillo Santiago,
en la parte alta de la ciudad.
Les ordeno que se adelanten, que
no se preocupen por mí, con la con-
signa añadida de vernos directamente
a las cuatro en el aeropuerto de Jerez.
Obedecen sin mostrar desavenencias,
pero, seguro que no les hace ningu-
na gracia. Observo como se mezclan
con la muchedumbre guiados por mi
secretaria, camino del dichoso cas-
tillo. Consiguen atravesar la marea
humana, no sin múltiples quiebros y,
se pierden de mi vista por la primera
travesía de la calle Ancha.
Por fin me encuentro solo, obser-
vo la calle en las dos direcciones y por
último levanto la cara y miro al cielo.
Un cielo azul intenso sin una sola nu-
be a la vista. Respiro profundamente
y una sensación de amplitud invade
mis pensamientos. Me encuentro ple-
tórico, acabo de comprar la fábrica de
dulces La Rondeña. Y lo he hecho, no
porque fuese una fábrica imprescin-
dible para mi multinacional de ali-
mentación, sino porque me apetecía.
En el fondo, tengo que admitir que lo
he hecho para demostrar mi poder.
También es cierto, que últimamente
me estaban haciendo sombra en al-
gunos sectores, y a mí no me gusta
que me hagan la competencia. Quién
se interponga en mi camino, lo aplas-
taré como a un gusano.
No me agrada la indolencia de
Don Gervasio. Ni sus discursos ma-
nidos sobre lo mejor de su empresa,
el capital humano. Me gustaría saber
cuánto del dinero que va a cobrar
por la venta de la fábrica, que ya
Miguel Ángel Rodríguez Rodríguez
Miguel Ángel Rodríguez Rodríguez nació el 7 de enero de 1956 en
Marraxti, Islas Baleares. Ingeniero técnico de Obras Públicas por la
Universidad Politécnica de Madrid, ha estado 30 años en la FCC,
primero de Jefe de Obra, pasando por Jefe de departamento y con-
tinuando más tarde como Director de la Delegación de Baleares,
entre muchas experiencias más. Ante una jubilación, Miguel Ángel
dedica su tiempo a la escritura, aquella que siempre fue su pasión y
en la que ahora puede profundizar. En este número de CIMBRA les
presentamos uno de sus numerosos relatos.
el gran empresario
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