CIMBRA· Revista del Colegio de Ingenieros Técnicos de Obras Públicas e Ingenieros Civiles · enero-mayo de 2016 - page 29

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esde la antigüedad, las calles
se han alumbrado utilizando la
tecnología del momento, siem-
pre con el objetivo de garantizar
el trasiego ciudadano y aumen-
tar su seguridad durante la noche. El fuego
se convirtió en un fiel aliado de la huma-
nidad en la iluminación de los hogares y
las calles, perfeccionando las luminarias
mediante la incorporación de diferentes
aceites y mechas.
A principios del siglo XIX se incorpo-
raron las farolas de gas en las ciudades,
las cuales requerían el trabajo del farole-
ro para su encendido, aunque posterior-
mente nacieron los dispositivos automá-
ticos.
Sin embargo, el adelanto más rele-
vante se produjo con la aparición de las
bombillas incandescentes alimentadas
por energía eléctrica. Fue a finales del
siglo XIX cuando comenzó a utilizarse
este tipo de lámparas en los alumbrados
públicos.
Hay varios nombres de científicos
que trabajaron con la bombilla incan-
descente, entre ellos Joseph Wilson
Swan, Humphry Davy, etc. Thomas
Alva Edison presentó la patente en
EEUU y fue el precursor de la bombi-
lla de bajo coste, todo ello entre 1855 y
1880. Se trataba de una lámpara muy
eficiente en aquella época, pero poco
funcional en la actualidad. No obstan-
te, tenemos mucho que agradecer a los
citados inventores.
Hasta nuestros días, en las ciuda-
des se han instalado bombillas incan-
descentes, fluorescentes, de vapor de
mercurio, de inducción, de haloge-
nuro metálico y de sodio, habiendo
emergido recientemente el Led. Sin
embargo, en las últimas décadas se ha
generalizado el sodio, de temperatura
de color cálido, y en menor medida el
halogenuro metálico, este último de
color neutro y frío. Por el contrario, el
vapor de mercurio está desaparecien-
do del alumbrado público, por su me-
nor eficiencia y por considerarse per-
nicioso para la salud ambiental y del
ser humano.
En lo referente a cada tecnología y su
eficiencia energética, cabe señalar que
se ha avanzado mucho en este campo,
existiendo en el mercado luminarias con
altos rendimientos.
Con la aprobación del Reglamento
de eficiencia energética en instalaciones
de alumbrado exterior (R.D. 1890/2008),
nuestro país manifestó su compromiso
por el ahorro energético.
Para iluminar los espacios públicos, existen en el mercado diferen-
tes tecnologías, las cuales han alcanzado mejoras muy importantes
en eficiencia energética. Por ello, es el momento de aprovechar los
avances para disminuir los consumos y sus costes, creando a su vez
ciudades más sostenibles.
Cristóbal R. Román Bustos
Ingeniero Técnico de Obras Públicas.
Ingeniero Civil
Alumbrado público y
eficiencia energética
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