enero-abril 2014 /
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Cimbra
–J.M.M.:
Sí la ejercí. Nada más
finalizar la carrera me surgieron tres
ofertas de trabajo. Aunque escogí la de
la compañía de Seguros, sí que estaba
al principio directamente relacionada
con mis estudios de Ingeniero Técnico
de Obras Públicas. Se estaba desarro-
llando en MapFre el Seguro a todo
Riesgo a la Construcción, Montaje y
Maquinaria. Para ello necesitaban un
técnico que supiese hacer una valo-
ración de este tipo de seguros. Entré
como Auxiliar Administrativo pero la
función que estuve desarrollando du-
rante cuatro años fue de ITOP.Yo era la
persona que visitaba la obra y hacía la
valoración del riesgo. Luego, sí que me
ofrecieron algo que ya no tenía nada
que ver con lo que había hecho hasta
el momento. Me dieron la oportunidad
de impulsar el desarrollo de una nueva
empresa del grupo: Mapfre Servicios
de Reaseguro, con la comenzaba la in-
ternacionalización de MAPFRE. Y ahí
ya sí que no tuvo nada que ver con mi
profesión de ITOP.
LA FORMACIÓN EN LA
UNIVERSIDAD
–N.Y.:
Históricamente se ha mante-
nido la idea de que la universidad espa-
ñola no forma universitarios para el ejer-
cicio real de las profesiones, ¿qué opinión
tiene al respecto?
J.M.M.:
Creo que la Universidad
y la Educación es lo más importante
de un país, y ha habido un salto muy
grande en estos últimos años. A finales
de los 60, cuando yo estudiaba, había
muchos menos universitarios que en
el resto de los países más desarrollados
de Europa, y había una gran necesidad
de titulados. Eso ha cambiado radical-
mente. Ahora tenemos aproximada-
mente el mismo número de universi-
tarios que Francia, cuando éste es un
país con mayor número de población.
Creo que eso es un problema. Hay un
cierto desenfoque entre lo que de ver-
dad necesita la sociedad y el núme-
ro de titulados que salen de nuestras
universidades. Habría que ajustar más
las necesidades. Pero, además, el ma-
yor problema de la Universidad, desde
mi punto de vista, es que debería de
empezar a gestionarse con criterios de
empresa privada, sin quitar importan-
cia al papel público que desempeña,
puntualiza el señor Martínez.
No obstante, lo que más me
preocupa, es la pérdida de una serie
de valores que siempre se han tenido.
También, el papel que debe de tener
la investigación que no va de la mano
de lo que demanda la sociedad. Debe
existir una cercanía entre empresa y
universidad e investigar para obtener
patentes que se necesiten de verdad,
porque, a veces se investiga y se con-
siguen patentes que luego el mercado
no va a demandar.
LA IMPORTANCIA DE
APRENDER INGLÉS
–N.Y.:
A finales de los años 60 no
era nada frecuente estudiar idiomas en
España, ¿cómo aprendió inglés y cómo
llegó a la conclusión de que debía apren-
derlo?
–J.M.M.:
Aprendí francés en el
Bachillerato, pero después de es-
tudiar la carrera, cuando estaba ya
trabajando en MapfrE, a los 25
años me di cuenta de que el inglés
era esencial. Fue un esfuerzo sobre-
humano que nada tuvo que ver con
las dos carreras que había estudiado
–comenta echándose las manos a la
cabeza–, porque aprender inglés sin
vivir fuera de España y trabajando,
supone un esfuerzo mayor. Pero an-
tes de trabajar, de siete a ocho, daba
clases de inglés, porque tenía claro
que era imprescindible dominarlo.
Al final, he podido dar conferencias
en inglés en el exterior. Pienso que el
idioma aprendido a su debido tiempo
es más fácil y que el sistema educati-
vo español debería ser más exigente
en la enseñanza de los idiomas.
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