enero-abril 2014 /
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Cimbra
infraestructuras viarias, generalmente
diseñadas con características homo-
géneas y elementos estandarizados
que no tienen en cuenta los paisajes
por los que pasan.
Esta nueva perspectiva en la que
los ciudadanos colocan en una ba-
lanza la calidad de vida que se ha al-
canzado frente al progreso que puede
traer la construcción de una nueva
carretera, provoca que, en muchas
ocasiones, se creen conflictos con una
población cada vez menos dispuesta
a asumir los costes medioambientales
y paisajísticos que las grandes infraes-
tructuras pueden generar, a pesar de
que no se ponga en duda la necesi-
dad de las mismas. Estos conflictos
complican el desarrollo de los proyec-
tos, pudiendo incluso hacer que no se
puedan llevar a cabo, por lo que se ha-
ce necesario buscar un equilibrio entre
prosperidad y calidad de vida.
En definitiva, los proyectos de ca-
rreteras deben plantearse no solo en
términos de funcionalidad, sino tam-
bién en términos sociales, de tal ma-
nera que los beneficios sociales de la
infraestructura sean mayores que los
costes sociales que genera. Para ello se
deben buscar soluciones de consenso
en las que participen los usuarios fi-
nales de las infraestructuras, logrando
de este modo que los ciudadanos se
identifiquen con cada proyecto.
El cauce que tienen las adminis-
traciones y organismos públicos para
fomentar la participación ciudadana
en materia de carreteras es el trámite
de información pública. Este meca-
nismo tiene una serie de limitacio-
nes que se van a ir analizando a lo
largo del artículo y que servirán pa-
ra cuestionarse si es el instrumento
adecuado para resolver los conflictos
que surgen actualmente al diseñar
una carretera o si se debe plantear un
cambio en la relación proyecto-so-
ciedad que mejore estos procesos de
forma que se consiga la identificación
de la población con las infraestructu-
ras a construir en el territorio.
Para desarrollar este planteamien-
to inicial se ha establecido, en primer
lugar y para dar perspectiva al tema,
el marco conceptual de la participa-
ción ciudadana en un contexto ge-
neral, describiendo brevemente su
desarrollo a lo largo del tiempo y los
problemas que plantea actualmente.
En segundo lugar se ha establecido el
marco conceptual de la participación
en el ámbito de las infraestructuras
viarias, describiendo el trámite actual
de información pública y planteando
una serie de cuestionamientos sobre
la contribución de este mecanismo de
participación para evitar los conflictos
con los ciudadanos.
El concepto de participa-
ción ciudadana
El concepto de participación ciu-
dadana no es nuevo. Ya en 1188 las
Cortes convocadas por el rey Alfonso
IX concedieron al pueblo, mediante
los denominados “Decreta”, el dere-
cho a intervenir en la decisión de los
asuntos públicos, de manera que la
población podía participar tomando
decisiones junto con el Rey, la Iglesia
y la Nobleza, a través de representan-
tes elegidos de pueblos y ciudades
( Los Decreta de León del año 1188
son la prueba documental conocida
más antigua de la presencia del pue-
blo en la toma de decisiones a nivel
del reino junto al monarca, la nobleza
y la iglesia; aunque no se conserva
el texto original se conservan copias
contenidas en documentos diplomá-
ticos medievales y en textos manus-
critos modernos. De este conjunto,
se han propuesto cinco de los textos
más relevantes para su inclusión en
el Registro Memoria del Mundo de
2013 de la UNESCO (información
obtenida de las páginas web del Mi-
nisterio de Educación, Cultura y De-
porte –Portal de Archivos Españoles-,
, y de la UNESCO –Me-
moria del Mundo-,
).
No obstante este apunte históri-
co, desde el último cuarto del siglo
XX la ciudadanía ha venido reivindi-
cando en todo el mundo una mayor
participación en las decisiones sobre
los asuntos de carácter público. Co-
mo resultado de este proceso han ido
surgiendo un gran número de inicia-
tivas que buscan la ampliación de la
tradicional democracia representativa
mediante fórmulas de participación de
los ciudadanos en los asuntos que les
afectan, de forma que éstos pasen de
ser una simple parte pasiva de su pro-
pio desarrollo a ser una parte activa.
Siguiendo esta corriente, la ma-
yoría de las administraciones han
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