enero-abril 2014 /
pág 41
Cimbra
Una ciencia
multidisciplinar
El diccionario de la Real Academia
Española de la Lengua, define el ur-
banismo como el conjunto de cono-
cimientos relativos a la planificación,
desarrollo, reforma y ampliación de los
edificios y espacios de las ciudades.
No obstante, se nos puede plan-
tear alguna duda si tenemos en cuenta
a Chueca Goitia
1
en la reflexión que
hace sobre la definición de ciudad:
«La primera dificultad que en-
contramos está en la definición
de lo que es una ciudad. Si que-
remos, por la vía clásica, empe-
zar explicando cuál es el objeto
de nuestro estudio, en la primera
puerta nos acecha la duda. Se han
dado multitud de definiciones, y
algunas, si no contradictorias, por
lo menos nada tienen que ver con
otras, igualmente respetables. No
se trata de que exista error, sino
que estas definiciones se refieren
a conceptos de la ciudad entera-
mente diferentes o a ciudades que
constitutivamente lo son.»
En lo que no hay lugar a dudas, es
en afirmar que el urbanismo consiste
en la aplicación de un conjunto de
conocimientos (historia, geografía,
arte, arquitectura, ingeniería, derecho,
economía, sociología, medio ambien-
te, etc.) siendo el destinatario final
de los mismos la ciudad, de ahí que
sea una ciencia multidisciplinar que
requiere la concurrencia de distintos
profesionales.
Desde la primera ley del suelo de
12 de mayo de 1956, sobre régimen
del suelo y ordenación urbana, hasta
la vigente ley de suelo, se ha conso-
lidado lo que podríamos llamar el
urbanismo compensatorio, de forma
que todos los propietarios incluidos
en un mismo ámbito urbanístico tie-
nen los mismos derechos y obligacio-
nes, cumpliéndose así con el princi-
pio rector del urbanismo:
la equidistri-
bución de beneficios y cargas derivados
de la acción urbanística.
La referida distribución justa de
beneficios y cargas se lleva a cabo en
el proceso de reparcelación urbanísti-
ca, siendo necesario para ello conocer,
identificar y determinar los derechos
consolidados que otorga el planea-
miento en el ámbito urbanístico con-
creto, así como determinar la totalidad
de las cargas que sean inherentes a
los terrenos que integran el mismo,
de forma que a través de las técnicas
equidistributivas se repartan propor-
cionalmente los beneficios y cargas
entre los propietarios afectados.
La reparcelación
urbanística
Para abordar el concepto de repar-
celación recurrimos al Reglamento de
Gestión Urbanística
2
(RGU), aunque
solo es de aplicación como normativa
supletoria en algunas Comunidades
Autónomas; no obstante, nos puede
servir para el fin perseguido. Según el
RGU: «Se entiende por reparcelación
la agrupación o integración del con-
junto de las fincas comprendidas en
un polígono o unidad de actuación
para su nueva división ajustada al
Plan, con adjudicación de las parce-
las resultantes a los propietarios de
las primitivas, en proporción a sus
respectivos derechos, y a la Adminis-
tración competente, en la parte que
corresponda conforme a la Ley del
Suelo y al Plan.
En idénticos términos se expresa
la Sentencia del Tribunal Supremo de
29 de mayo de 1990:
«La reparcelación urbanística
es un procedimiento que se utili-
za para posibilitar la ejecución de
una actuación urbanística definida
en un plan previo, respetando el
principio de distribución justa de
los beneficios y cargas derivados
de la ordenación; esto se consi-
gue mediante una regularización
de superficies, realizada de forma
que se obtengan como resultado
parcelas edificables asignadas a
los propietarios de las fincas origi-
nales en proporción a su derecho,
y mediante una cuantificación y
reparto proporcional entre los be-
neficiarios de los costes que tal
operación comporta.»
Esto es, el proyecto de reparce-
lación es el documento mediante el
que se efectúa la equidistribución de
beneficios y cargas derivadas del pla-
neamiento, teniendo por objeto la
realización de cualquiera de las si-
guientes finalidades:
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