enero-abril 2014 /
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Cimbra
E
l concepto tradicional de faro-
la como elemento que da luz
viene de muy antiguo, de
hecho, después del control
del fuego por parte de los
humanos uno de sus usos fue la ilu-
minación. Así pudo usarse mediante
antorchas para iluminar algunos luga-
res. Como este sistema era engorroso
y poco duradero fueron aparecien-
do luminarias con diferentes aceites
y mechas que permitían iluminar
durante más tiempo y de forma más
cómoda. Han sido encontradas lám-
paras de terracota en las llanuras de
Mesopotamia datadas entre el 7000 y
el 8000 a.C. y otros de cobre y bronce
en Egipto y Persia cercanas al 2700 a.C.
La primera utilización del alumbrado
con gas para el alumbrado público fue
en 1807. Las primeras farolas eléctri-
cas empleadas, del tipo arco eléctrico
con electrodos de carbón que emple-
aban corriente alterna datan de 1875.
Posteriormente se desarrollaron otras
fuentes de luz eléctricas más eficientes
(lámparas incandescentes, luz fluo-
rescente, luz de vapor de mercurio
de alta presión, lámpara de vapor de
sodio de baja presión, lámpara de
vapor de sodio de alta presión, luz
de halogenuros metálicos cerámicos,
el LED, etc.). Todo lo referido supuso
un importante avance tecnológico y
colaboró decisivamente a extender la
iluminación por las calles de nuestras
ciudades, pueblos y vías interurbanas,
colaborando a mejorar la calidad de
vida de la sociedad.
Ahora, en pleno siglo XXI ya han
pasado 140 años desde las primeros
farolas eléctricas, y en el marco de
las nuevas tecnologías, de la inno-
vación –esta innovación que es pilar
fundamental para salir de la grave
crisis sistémica en la que estamos in-
mersos desde hace años– y de las
“smart cities” (ciudades inteligentes
traducido del inglés) se está produ-
ciendo un cambio de paradigma, un
cambio de concepto de la farola tra-
dicional, transformándose en otra
cosa diferente, en el nodo urbano.
Este nuevo concepto lo podemos de-
finir como un elemento urbano que
puede dar luz (o no) , y que además
hace otras funciones, convirtiéndose
así en un elemento urbano multifun-
ción. Entre algunas de estas múltiples
funciones está el incorporar sensores
(o coger datos de sensores externos
al nodo urbano) que recogen varia-
das datos de interés, como humedad,
temperatura, intensidad lumínica,
concentración de NO
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, concentración
de CO, contaminación atmosférica,
contaminación acústica, tráfico, pla-
zas libres de aparcamiento, control
de los contenedores de basura, y un
largo etc., de manera que toda esta
información es enviada a la “nube”
y puede estar a disposición de los
ciudadanos y/o de la administración
pública a través del uso de un smart
phone o una tablet (ver Figura 1).
También se prevé la creación de una
red WI-FI (Wireless Fidelity) de libre
acceso para los ciudadanos.
De hecho, uno de los grandes re-
tos del siglo XXI es realizar una bue-
na gestión de la información, del“ Big
Data”. Esta gran cantidad de infor-
mación, obtenida en parte a través de
sensores y otros equipos electrónicos,
si es gestionada adecuadamente pue-
de hacer más eficiente el funcionami-
El concepto tradicional de farola como
elemento que da luz viene demuy
antiguo, dehecho, después del control
del fuego por parte de los humanos
uno de sus usos fue la iluminación
Figura 1: Esquema del concepto general del nodo urbano
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