septiembre-diciembre 2013 /
pág 47
Cimbra
EL RETO DE VIVIR FUERA
Desde el primer momento en que
pisé territorio rumano lo tuve claro,
“Donde fueres, haz lo que vieres”, y“así
hice”, asegura Alberto.“No tuve ningún
tipo de problema en adaptarme, me su-
mergí viviendo y haciendo vida con ru-
manos, no tuve dificultad en aprender
el idioma, viajé mucho por todo el país,
me relacioné con todo tipo de perso-
nas”, continúa diciendo. Hacía vida en
rumano, siempre evitando relacionarme
con españoles, ya que no le aportaban
positividad, transmitían pesimismo y
pena. Todos los españoles se quejaban,
sobretodo de la situación de España,
pero ninguno se planteaba quedarse,
contaban los días para regresar y así no
se puede aprender ni disfrutar de ver-
dad; y al mismo tiempo tampoco era
la mejor influencia para conocer otras
culturas e idiomas. Tenía que aprender
inglés lo mejor posible y el rumano es-
taba seguro que lo podría aprenderlo en
9 meses (su mínima estancia).
“Mi primer reto fue aprender in-
glés”, asegura Alberto. “Llegué a un
país en el que la mayoría de la gente
habla este idioma y yo, aunque no es-
taba a cero, no lo había usado nunca.
En dos semanas me desenvolvía bas-
tante bien, aunque con errores no tuve
vergüenzas, ya que tenía dos opciones,
aprender o aislarme o volverme a casa.
Aprendes por necesidad y voluntad.
Con el rumano fue algo más fácil por-
que no era necesario al principio, hasta
que te das cuenta de que si no aprendes
el idioma local no puedes sentirte bien
jamás, ya que no puedes hacer tu día a
día como adaptado, siempre te sientes
extranjero. Con el idioma local puedes
viajar, puedes comprar en el supermer-
cado, restaurante, puedes preguntar
por la calle, etc.”, dice satisfecho al ver
que ha conseguido un buen nivel de
conversación en rumano.
El reto más duro confiesa es cuando
te das cuenta de que las personas que
me rodeaban se había vuelto a casa y
“yo estaba solo”. No fue fácil pero lo
superó. Asegura que fue como volver
a empezar, reinventarse de nuevo, y es
lo más interesante de la internacionali-
zación.“Tienes que salir a comer solo,
viajar solo, te buscas la vida solo…pero
tras ese periodo aprendes a buscar ami-
gos, “familia”, lugares de costumbre,
restaurante de siempre, excursiones, tu
horario de trabajo, tu oficina y entorno,
etc”, nos cuenta Alberto.
Las dificultades en Rumanía se
centran mayormente en la burocracia.
Cualquier gestión que surja puede lle-
var mucho tiempo y papeleo adjunto, lo
cual se aprende a resolverlo antes cuan-
do te antepones a la respuesta de “no”
o “no se puede”. En este país, aunque
desarrollado en cierto modo, hay cosas
que escasean y puede resultar curiosas
cuando tienes que buscar algo que no
existe o que no fácil su localización.
“El vivir fuera de nuestro lugar de
origen es un reto que no todos están
dispuestos a superar, pero que una vez
que lo dominas, es una gran satisfac-
ción”, asegura. Comenta que vivir por
el mundo no está hecho para todos,
“te vuelves más frío, más duro debi-
do al distanciamiento de todo, familia,
amigos, trabajo, escuela, etc”.
Lo mejor de todo esto, asegura,
es que si lo trabajas, los buscas y ha-
ces todo lo necesario para conseguirlo
puedes llegar a trabajar en lugares in-
creíbles, así como formar parte de pro-
yectos de ingeniería que jamás se lle-
varían a cabo en España. Las grandes
estructuras no se hacen en Córdoba,
por lo que si quieres formar parte de
ellas, tienes que moverme y para ello
tener una formación y unas cualidades
superiores a las que están acostumbra-
dos los españoles.
EL DÍA A DÍA EN RUMANÍA
Alberto vive en Rumanía su día a
día como lo haría en su país. Ya tie-
Punto de captación de Minicentral eléctrica (Fagaras,
Rumania).
Puente nuevo de la autovía Corredor 4 (Rumania).
Rehabilitación y mejora línea FFCC Sighisoara-Atel (Rumania).
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