mayo-agosto 2013 /
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tido negativo como potencial genera-
dora de impactos, sino también en un
sentido positivo, en el que se convier-
te en un medio desde el que la ma-
yoría de las personas ven y disfrutan
el paisaje; sin olvidar que la carretera
también forma parte del mismo.
El ser humano ha modificado su
entorno desde siempre, pero la pe-
queña escala de las actuaciones, el
uso de materiales del lugar y la larga
duración de los procesos constructi-
vos permitían la asimilación de cada
actuación por la sociedad y por el
entorno.
Esta asimilación por el entorno de
los procesos que tienen lugar en él,
no solo los de origen antrópico si no
los de cualquier otra causa, indica que
el paisaje es un sistema dinámico en
continua evolución. La consideración
del paisaje como un sistema dinámi-
co implica que sufre modificaciones
a lo largo del tiempo, aún sin la in-
tervención del ser humano. En con-
secuencia, los cambios en el paisaje
no deben entenderse necesariamente
como algo negativo, y una carretera
bien integrada en la dinámica de su
entorno puede, incluso, representar
un valor positivo para el paisaje.
El desarrollo de los estudios del
paisaje ha ido evolucionando a la
par que se ha ido profundizando
en el conocimiento del concepto de
paisaje
, superando la mera conside-
ración estética y estática inicial. Así,
el estudio del paisaje se lleva a cabo
actualmente desde el punto de vista
de un sistema dinámico, constituido
por un conjunto de elementos que
interrelacionan entre sí y lo modifi-
can en el tiempo. Esto lleva a la con-
clusión de que no debe buscarse la
conservación estática del entorno,
pero tampoco se debe permitir una
evolución descontrolada que rompa
la armonía del conjunto.
De hecho, la realidad actual de los
paisajes debe ser entendida como re-
sultado de situaciones y procesos del
pasado; lo que implica que las relacio-
nes entre los elementos que constitu-
yen los paisajes en la actualidad, in-
cluidos los de origen antrópico como
las carreteras, serán la causa de la con-
figuración de los paisajes del futuro.
En general, la sociedad no dis-
cute la necesidad de una carretera,
puesto que conocen los beneficios
que suponen para el desarrollo de
cualquier territorio; pero lo que se
pone en duda en muchas ocasiones
es la concepción de la carretera al
plantearse como un sistema extraño
al entorno en el que se inscribe. Por
ello, se debe conciliar el desarrollo
socioeconómico con el respeto por
los valores paisajísticos, que tienen
una notable influencia en la calidad
de vida de los ciudadanos.
En definitiva, lo que la sociedad
demanda es una ingeniería civil más
humana y respetuosa con el entor-
no, lo que implica un cambio en la
relación entre ingeniería y paisaje
que deseche el concepto de que una
carretera es un elemento negativo
para el entorno y que a lo máximo
que podemos aspirar es a dismi-
nuir en lo posible su impacto en el
paisaje; sino que, bien concebidas y
adaptadas al medio en el que se in-
sertan, pueden representar un valor
añadido para el territorio ecológica
y estéticamente, y convertirse en un
Se debe conciliar el desarrollo
socioeconómico conel respeto por los
valores paisajísticos, que tienenuna
notable influencia en la calidad de vida
de los ciudadanos
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