mayo-agosto 2013 /
pág 21
Cimbra
costosas de mantener en pie, no re-
sultaba difícil y se fue resolviendo
sobre la marcha sin más trámites
que los imprescindibles para tratar
de llegar a un precio justo, aunque
no siempre se consiguiera. Pero me-
nos sencillo sería el desalojo de los
vecinos ante la más que probable
posibilidad de que no encontrarían
otro alojamiento por aquellas fechas.
Agrupaciones incómodas, indemni-
zaciones lentas y paupérrimas, como
las rentas que a duras penas se jus-
tificaban. Lo más difícil de resolver
era la realidad de numerosos inqui-
linos incapaces de hacer frente a la
circunstancia de quedarse en la calle
por no haber alojamiento adecuado
a sus nulas posibilidades. No se con-
taba por entonces con disposiciones
suficientes para subvencionar vivien-
das de protección oficial.
EL PUENTE DE SEGOVIA
El tráfico tenía poco que ver con
el que padecemos ahora; pero ya iba
en aumento. El gobierno concedía
con cuentagotas coches que se im-
portaban de Alemania y Francia, y los
desplazamientos eran cada vez más
frecuentes. La carretera de Extrema-
dura por un lado y las barriadas que
se iban formando al otro lado del río
hacían el Puente de Segovia insufi-
ciente; hacerle más ancho era nece-
sario. Mantener su traza, su forma,
su personalidad, se imponía; se llegó
a la conclusión de trasladar medio
puente, piedra a piedra, convirtién-
dole en otro cuatro veces su ancho
original. Así se llevó a cabo con los
escasos medios de que se disponía
y como fuente generosa de mano de
obra entonces, como tantas veces,
necesaria.
Así nacieron las dársenas anejas
al puente, como solución para que
pudieran mantenerse a la vista los la-
terales de la histórica obra y no fuera
afectada en toda su longitud. Los pa-
seos de ribera se retiraban y se hacía
necesario recurrir a la construcción de
un paso bajo el nivel de la nueva losa
del puente por su margen derecha. El
cemento necesario para aquellas obras
resultaba un difícil problema; venía de
(Arriba) El puente de Toledo, cuando circulaban los coches en superficie por la M-30. Visto desde la glorieta del
Marqués de Vadillo. Al fondo la glorieta de las Pirámides, en la que se ve una de ellas y la Puerta de Toledo
(Abajo) Vistas actuales, donde ya se puede ver que el tráfico de los coches ha desaparecido.
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